El inmigrante se somete en muchas ocasiones a situaciones de estrés lo suficientemente importantes como para generar una depresión; la depresión inmigrante. El autor Joseba Achoteba en 2009 denominó a este fenómeno como Síndrome de Ulises. Parecería importante conservar este término únicamente como una descripción simbólica de lo que le sucede al inmigrante, y permanecer en los diagnósticos actuales utilizados en los T. Del Estado de Ánimo, entre los cuales se encuentran el T. Depresivo Mayor y el T. Distímico.


Cabe destacar que, parece ser un tema estudiado desde sus ramificaciones donde sería imposible pensar que no se esté tratando a un numero importante de migrantes, sobre todo en los países destino en su migración. Sin embargo también resultaría un tanto dignificante pensar que el tema debe de ser abordado desde el punto de vista de un grupo vulnerable al que no se le ha dado la atención requerida.


Para ello es necesario que se comprenda el fenómeno de la depresión desde dos posturas que me parecen importantes de conceptualizar y las cuales siguen teniendo vigencia hasta la actualidad y son términos destinados para describir a la depresión desde dos puntos de vista: la depresión endógena y la depresión exógena. Si bien ellos simplemente sirven para entender la depresión desde puntos de vista un tanto concretos, debemos de pensar que es también realidad depresiones que tienen un componente endógeno importante y otras están relacionadas a un pasajero componente exógeno. Nos referimos pues a la depresión endógena como aquella en la que esta implicado un problema (probablemente de larga data) relacionado a la neurotransmisión y a una disfuncionalidad biológica que por ende que provoca los síntomas depresivos; y una depresión exógena que esta más bien centrada en la vivencia de síntomas depresivos causados por factores ambientales, como lo podrían ser un duelo ante alguna muerte, por ejemplo.


El Síndrome de Ulises descrito entonces por Achoteba, implicaría simplemente la descripción de un migrante en el que se describen muchas de las detonantes de su depresión, pero las cuales no explican los orígenes y gravedades del fenómeno sintomático, los cuales pueden ser solamente diagnosticados por especialistas en la Salud Mental.


Por tal motivo si sabemos que alguna persona migrante sufre de algún tipo de depresión resulta indispensable que pueda ser valorado ante sus síntomas y a través de una historia clínica que pueda determinar necesidad de un tratamiento farmacológico o no. Esto quiere decir que muchos inmigrantes pueden venir ya en su camino con una depresión grave y esto puede ponerlos en peligro de mil y un formas. Tambien significa en su lado contrario que pueden estar siendo presas de situaciones que los deprimen momentáneamente, situación ante la cual valdría enormemente la pena que se implementaran políticas de salud publica en los albergues o casas del migrante para apoyarles con medios para enfrentar las cosas que generan la depresión.


En Frontera Libre consideramos también que es necesario que se voltee a ver el fenómeno de la depresión en la población migrante, incluso olvidada y abandonada por los servicios de salud en el país destino. Se necesitan medios donde el migrante sepa que mucha de la nueva vida que lleve podrá implicar someterlo a retos tan importantes, ante los cuales deberá de ser precavido y cuidar de no caer en una depresión.


Como asociación trabajamos actualmente en la implementación de intervención en programas in via así como de programas in adventu para que dicha experiencia pueda ser vivida de otra manera, ya que debemos de entender que como especialistas de la salud mental nos encontramos en posibilidad de permitir migraciones más sanas para todos los sujetos.


® Depresión inmigrante: Síndrome de Ulises