Autor: Miguel Ángel Guerrero González


Muchas veces al hablar de gozo, lo primero que pasa por nuestra mente, son los momentos de felicidad que tenemos al realizar algo de gran importancia para nosotros, sentir esa gran satisfacción por el bienestar o el logro de un ser querido, pero, para el budismo, el gozo (mudita) es llegar a sentir la felicidad por ver que los demás han alcanzado para ser felices. Ese estado puro e incandescente de bienestar causado por el progreso de cualquier persona.


¿Nunca se preguntaron, porque nuestros padres se regocijaban de alegría al vernos reír y jugar?


Tal vez por sentir ese amor incondicional hacia nosotros se engrandecían por esos pequeños logros que fuimos teniendo en cada etapa de nuestra vida. Gozaban vernos crecer.


Ahora bien, puede que pensemos: ¿Cómo puedo ser feliz y disfrutar el progreso de una persona por la cual no tengo ningún apego? Y eso es porque quizá nunca lo hemos intentado. Este es el tercer paso en el budismo para morar en el reino de Dios, y vivir de manera plena.


Imaginemos el ver u viajero migrante pasando hambre, sed y frio, pero lo más catastrófico es la incesante búsqueda de encontrarse a si mismo en cada lugar al que va. Primero sentiremos la necesidad de ayudar a aliviar cada una de sus necesidades en ese momento, y puede que eso nos haga sentir bien. Después al darle consuelo con unas palabras de aliento, nos sentiremos contentos por llenar ese vacío que lastima a esa persona.


Puede que eso nos baste por el momento para sentirnos bien, pero lo que en realidad nos llenará de gozo, es ver que poco a poco ese migrante va saliendo adelante. Como el ser capaz de sustentar a si mismo sus propias necesidades.


Uno no es capaz de experimentar ese placer que provoca ayudar a otro sin antes ser compasivo, con ese gesto de amor hacia los demás que alienta a cualquiera a salir adelante.

Experimentemos esa sensación de placer y felicidad al ver como alguien al que nosotros mismos la mano, está saliendo adelante. Disfrutemos esos frutos que nosotros mismos cosechamos. Seamos libres de ser felices con todo lo que nos rodea.


Todos somos merecedores de ese gozo verdadero que nos provoca el darnos cuenta de que somos capaces de la vida de una persona, y paso a paso, el mundo en el que vivimos.


El rumbo de este mundo está en nuestras manos y algún día dejara de ser una fantasía, la felicidad en cada ser humano. Si ríe Dios, ríe el mundo. Y así, yo soy feliz.  


® El Gozo Verdadero.