Autor: Miguel Ángel Guerrero González


Un enseñanza budista relacionada con la interacción interpersonal es enfocarse en el cultivo de las Cuatro Moradas Sublimes o Brahmaviharas. Brahma que significa Dios en Sanscrito, y Vihara significa morada. Dicho en otras palabras “Morar en el Reino de Dios”.


Estas Cuatro Moradas son El Amor (Metta), la Compasión (Karuna), el gozo (Mudita) y la ecuanimidad (Upekkha).Estas cualidades son atribuidas a personas que viven de manera plena, óptima y sin prejuicios. Lo principal en estas personas no es uno mismo, si no la empatía por todo ser vivo.   


Para el budismo la divinidad no es inalcanzable, sino una práctica de diferentes virtudes que ayudan a eliminar los prejuicios de uno mismo y hacia los demás. Comenzando de adentro hacia fuera, eliminando el sufrimiento interno y la necesidad de irradiar a los que nos rodean del mismo.


Al adoptar estas virtudes en uno mismo somos capaces de amarnos y darnos salida a nuestras adversidades hasta llegar a la ecuanimidad, y así darnos esa paz, la cual todos merecemos.


Al tener una mente clara y sin esas fluctuaciones constantes derivadas de las expectativas y esquemas relacionales con las que nos identificamos a lo largo de nuestra vida somos capaces de ser felices; en otras palabras, dejamos de sufrir.


El dejar de sufrir da la oportunidad de quitar ese modo de defensa característica de todo ser humano, causado por la inherente percepción de agresión hacia su “yo” (persona) así su foco atencional no está en si mismo, y es capaz de percibir el dolor y el sufrimiento en los demás.


Ahora, imaginemos a nosotros mismos saliendo de nuestra casa en ese punto empático en el que ya somos capaces de percibir la gran cantidad de disturbios que nos rodean. De camino al trabajo, tomaremos la ruta de costumbre y pasaremos por las mismas personas con las que estamos habitualmente familiarizados. Notaremos que “Toñita” la señora de los tacos de guisado, la cual siempre al pasar se ve envuelta en una pequeña riña y emitiendo unos agudos gritos hacia su esposo, la está pasando mal. Identificaremos que Toñita no es solo la problemática y escandalosa señora de los tacos, sin un ser humano el cual está sufriendo.


Después notaremos que Don Chepe, el maestro de matemáticas, ese maestro gruñón y poco tolerante ante la sociedad (alumnos), está sufriendo y al igual que nosotros en un punto pasado tratamos de irradiar a todo el que nos sea posible. Compartiendo ese malestar inquietante de manera inconsciente.


Puede que no tomemos riendas sobre el asunto en ese momento, pero el ver lo que antes pasaba inadvertido ante nuestros ojos nos mantendrá en una actitud receptiva. La cual nos convertirá en exploradores de nuestra propia ciudad, país e incluso el mundo real en el que vivimos, pero lo más importante exploradores de nuestra propia vida.


¿Quién no soñó de niño con explorar? Descubrir cosas, identificar texturas, subir montañas. Éramos unos auténticos exploradores. Esa actitud de búsqueda nos ayudó a aprender cada vez más sobre nosotros mismos y nuestro entorno.


Empecemos por captar todo lo que nos rodea de camino a casa, de camino al trabajo, de camino al gimnasio, tomando en cuenta cada una de las situaciones que antes no éramos capaces de ver.


Quitando esa mente enjuiciadora por una totalmente receptiva, seremos capaces de ser grandes exploradores, manteniendo los ojos totalmente abiertos. Tal vez al abrir los ojos y darnos cuenta del sufrimiento y la agonía que se vive en la actualidad, lleguemos a la conclusión de que es imposible curar todo el sufrimiento que agobia nuestro mundo, pero podemos comenzar abriendo los ojos y así poder ayudar en todo lo que nos sea permitido., fomentando la solidaridad y el amor hacia todo ser vivo. Haciendo de este mundo: “ El Reino de Dios”  



Mindfulness

® El Reino de Dios