Me gustaría comenzar a describirle estimado lector, una de las mejores enseñanzas que Sigmund Freud nos dejo en el siglo XX respecto a la psicología social. En su escrito “El malestar en la cultura”, nos describe la dinámica en que una sociedad funciona y de cómo sufre. Dicha dinámica se refiere a la ambivalencia respecto a la exigencia de sus pulsiones y la restricción que la misma cultura tiende a imponerle. Mientras mayor es la aspiración y necesidad por satisfacer dichas pulsiones, mayor será la restricción con la que la cultura le frustre, y entonces sienta ese “malestar”. EE.UU vive esta circunstancia desde hace ya bastante tiempo. Mi premisa Freudiana sería así de simple: Su país se encuentra en un malestar frente a la necesidad de vivir el “American dream” y su incapacidad para llevarlo a cabo. Meditemos desde varios puntos de vista pero, ¿no es acaso EE.UU un país construido por migrantes, y son ahora existe una percepción de que esos migrantes son los que restringen su crecimiento?. Dirían en mi pueblo que “el miedo es muy cabrón”. El problema de nuestro estado vecino, es que lo que “alguna vez recorrió un tren” de este a oeste, en una vorágine del oro y de tierras abundantes, se convirtió en un tren migrante de sur a norte, que se convirtió en la tierra de promesas del jingoísmo. El jingoísmo se entiende como un tipo de nacionalismo exaltado en los partidos de Gran Bretaña que tenía por objetivo una expansión (territorial) basada en patriotismo justificado en políticas publicas y de relaciones exteriores en extremo agresivas. La política de Trump: Jingoísta. Basados en el jingoísmo, esa tierra de promesas donde su agresiva política económica “beneficiará mis bolsillos y por eso migro”, se convierte para los latinos en su peor pesadilla al ver que los nuevos latinos que llegan (en fantasía) “vaciarán mis bolsillos”. Incluso preguntándonos con un dolor nacionalista (mexicano o latino): ¿porque los latinos votaron por Trump?; ó, ¿ porque el latino ataca al latino? . ¿Qué no nos habían dicho que perro no come perro?, menuda enseñanza de Freud acerca del malestar en la cultura. A todas luces parecería que “hacer a américa nuevamente genial” no es más que un eufemismo de que se los está cargando la tostada. EE.UU esta en una crisis y los fenómenos sociales de descontento están comenzando a aparecer con mayor fuerza. Y aclaro. El problema no son los migrantes. El “Obama Care”, ha afectado a muchos, y están muy enojados. El desempleo en EE.UU es mayor y la gente cada vez es más pobre. Su clase media también desaparece. Su sociedad esta descompuesta desde hace mucho, y mucho comenzó con una masacre en Columbine el 20 de abril de 1999. Los “gringos” son también victimas del propio capitalismo. Hay una preocupación para todo el mundo en este momento, y ello tiene que ver con la consolidación de la Xenofobia en un gobierno, y de cómo este puede afectar al mundo. Y esto me parece que es peligroso porque ,una vez que se representa la Xenofobia en los gobiernos, la fuerza de la pulsión puede generar tantas frustraciones en su nación, que puede convertir a los miembros de la cultura en verdaderos portadores de daño. ¿Qué quiero decir?: la Alemania Nazi se alimento de frustraciones vividas por la Primera Guerra Mundial que permitieron las más graves atrocidades contra los judíos y otros grupos más. Hoy los blancos de Ku Klux Klan, están alimentándose de todas estas frustraciones de la modernidad, al grado que dan su venia al consejero jingoísta del gobierno de Trump, Stephen Bannon. La escala de todo esto, parece al momento incierta, lo que si sabemos es que los ingredientes de la receta, se están juntando. A mi querido Israel Velasquez de El Popular, “pasaré a deberle” las profecías que me pidió respecto a la psicología y lo que pueda pasar con este nuevo señor en la presidencia de EE.UU; nuestro odiado Trump. Sin embargo les puedo decir que si me preocupan bastante las cosas. La válvula reguladora según nuestra teoría Freudiana sobre el malestar en la cultura, sería uno de sus productos que es: la culpa. Usted, querido lector se podrá preguntar que tendría que ver la culpa en el desarrollo de esta política xenófoba de los EE.UU. Decíamos que el malestar en la cultura lo crea una pulsión y la restricción que la cultura hace de ella. El regulador es la culpa. La culpa permite una tregua de la necesidad con la realidad. Es decir, yo quiero el American Dream, pero no puedo tener el American Dream; entonces me siento culpable de querer y no tener el American Dream. Si mi “pulsión” por el American Dream es muy fuerte, y la alimenta un nacionalismo Trumpiano, puedo llegar a omitir la culpa con la promesa de lograr la satisfacción de esa pulsión. Por eso han sido tan peligrosos los falsos profetas xenófobos a lo largo de la historia y sus fantasías de control del mundo se han convertido en realidad. La mejor solución al problema sería que si mi “pulsión” del American Dream no es muy fuerte, y no se alimenta de estúpidos pensamientos xenófobos como los que escuchamos a diario, puedo sentirme culpable de mi intolerancia racial y puedo convivir mejor en mi sociedad. No pasaría de algunas pequeñas quejas en el “feis”. El problema en el gobierno estadounidense es que ya ha comenzado su política xenófoba desde el Plan Frontera Sur y este parece convertirse en algo mucho más preocupante. Tenemos que mirar muy de cerca todo lo que está pasando y esperemos que no se sigan calentando los ánimos, porque eso puede ser muy peligroso. La xenofobia basta de un líder enfermo y un descontento social generalizado para crecer sin control.


® “Make America Great Again”: ¿Jingoísmo?






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