Autor: Miguel Ángel Guerrero González

Desde el principio de la humanidad hasta la actualidad, la mente ha dominado nuestra existencia. Prácticamente si somos capaces de controlar nuestros pensamientos y emociones, lo controlaremos todo. Este estado optimo e inquebrantable de la mente se denomina “Ecuanimidad” (Upekkha), y se caracteriza por mantener un estado de equilibrio interior que no es afectado por el exterior (éxitos o fracasos).

Estamos acostumbrados a cargar nuestros pensamientos con situaciones pasadas, presentes y futuras; sean buenas o malas. Prácticamente estamos acostumbrados a vivir en un estado constante de estrés. Nuestra cabeza está llena de: hubiera hecho, debería de ganar más, los demás no aprecian lo que hago, porque soy tan delgado, estoy pasado de peso, etc.

Aunque también nuestra mente puede estar cargada con pensamientos de éxito, en cualquiera de los casos dejamos de vivir el momento presente. Podemos estar en una junta de trabajo y estar pensando en lo molesto que fue discutir con nuestro vecino al salir de la casa y, al mismo tiempo decir, que bueno fue este ascenso en el trabajo.

Nos cargamos de voces y susurros en nuestra cabeza, los cuales nos acompañan vayamos a donde vayamos. Esto se debe a no aceptar las cosas tal como son. Si quería un premio por desempeño laboral, y se lo ganó uno de mis compañeros, me frustro y cargo con eso toda la semana. Prácticamente en mi mente solo estaré diciéndome: soy un incompetente, no me enfoque lo suficiente, de seguro le caigo mal a mi jefe, etc. Lo más sano sería decir: fue una buena decisión, lo haré mejor a la próxima. Así soltaré esa situación, la dejaré en el pasado, me centraré en el presente, y así, me dirigiré a un buen futuro. Sin el miedo y complejos que causara el tener en la cabeza pensamientos de fracaso pasados, podré desempeñarme de una mejor manera.

De igual forma que es imposible concentrarse en un cuarto con la música a todo volumen, de la misma forma pasa algo similar cuando a nuestra mente le metemos toda esa cantidad de pensamientos obsesivos. (éxitos o fracasos).

Nuestra mente es como un cuarto vacío, si hablamos, el sonido rebota en las paredes haciendo un eco. Pero si nosotros no dejamos de hablar, el eco será infinito. Nosotros tenemos el poder de callar nuestra mente en el momento que deseemos, y así eliminar todo ese ruido que nos acompaña a todas partes.

En el momento en que dejamos de ver el exterior como una total afección comenzamos a ver la vida como es, un flujo continuo de situaciones, las aceptamos y las aprendemos a vivir. Esta es la cima de las cuatro moradas sublimes: la aceptación total de la vida instante tras instante, una mente serena ante las fluctuaciones constantes de la vida. La vida es como es, pero nosotros decidimos como vivirla, silenciando ese “eco” en nuestra mente que nos atormenta. La vida es un chiste, solo hay que saber reír.

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